Los musulmanes tienen en muy alta estima a Jesús (la paz sea con él) y a su madre, María. El Corán relata que Jesús nació milagrosamente, sin padre. «En verdad, el ejemplo de Jesús ante Dios es como el de Adán, a quien creó de tierra y a quien dijo: “¡Sé!”, y fue». (Corán 3:59).

Con la ayuda de Dios, Jesús realizó numerosos milagros como profeta. Entre otras cosas, pudo hablar inmediatamente después de su nacimiento para defender a su madre y confirmar su virtud. Dios también le concedió otras facultades milagrosas, como curar a los ciegos y a los enfermos, resucitar a los muertos y dar forma a un pájaro vivo a partir de arcilla. Y, lo más importante, le confió un mensaje para la humanidad.
Estos milagros, concedidos por Dios, confirmaron su condición de profeta. Según la creencia islámica, Jesús no fue crucificado, sino que Dios lo elevó al cielo (Corán 3:54-55). La sura Maryam (María), capítulo 19 del Corán, describe los milagros de Jesús en los versículos 27-34.